AQUEL RAMO-TORRE…
A miSir Agast.
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Si no quieres escapar
bajo las alas del tiempo,
no me des a regalar
el ramo-torre del cielo
¿no vez, que me va a matar?
y a meterme dos zancadas,
pintando rodillas de hambre
y luego avidez de mayo.
Tampoco llames al “insti,”
soy mala pa´la emoción
y si le prendo a la mecha
proveerá algún torzón;
ya vez, hasta tú partiste
a mondar flores a un coro
y a mí que me tunde el oro
me dejas aquí solita
con uno cincuenta de alto,
prendida de la emoción,
llevando en mano una torre
de dulzura y de ilusión
y no la quiero asentar
en un jarrito cualquiera,
me quemaría un Serrano
si la dejo donde sea
más ofrendo mis privanzas,
¡Esta torre es de primera!
¡Me gusta!, y me va dejando
en mis manos un hilito;
cunde como sangre grana,
bruna como el farolito
que alumbra por la mañana
la mano de mi fervor,
cuando mi-Sir la desprende
hoja y pétalo a mi diente
o en el verde de la mar;
igual que se enciende el aire
cuando me deja tomar
de sus manos un cachito
de su perfume, al posar,
ante esta dama chiquita,
que grande se siente andar
con un besito en la frente
y un ramo-torre en su faz.
Ya vez porque lo decía
“no me la regales más”
que esta mujer se sofoca
y le da por cepillar
un cachito de su pelo
y a sus manos asolar
contra boca dulce y roja,
un poquito de ansiedad
y para salvarse en pleno
le basta solo enraizarse
en un venero vacante
que se puso a desvariar,
en los escapes del hombre
aunque estire a motivar,
a un prójimo más sensible
que le lleva a razonar
y a correr como los toros
en caminos de ansiedad,
para darle en despedida
la bienvenida, no más…
Lo vez, lo dije quedito
no me des de ese venero,
que soy mujer aguerrida
y me sofoco al andar
con una torre de rosas
que me espinan a envidiar,
apretarlas en mis manos
pa´matarlas, de ansiedad
y se sofoquen conmigo
por lo que pueden cargar,
sobre la espada de armiño,
que me dejaste al marchar.
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Daanroo